lunes, 23 de febrero de 2009

A infinitos suspiros de distancia...


Andando en soledad, cayendo irremediablemente hacia la espina dorsal de tu miedo y el mio. De la desesperación que claudica en olvido involuntario. El silencio sísmico que amenaza con derrumbar nuestra torre. Y yo, que sueño cada noche con perderme en tu mirada eterna, y yo, que he ganado y perdido tantas veces que ya no sé en que parte del camino tengo que volver a recoger mis restos. Vivo para adivinar tus intenciones y para definir las mias. He desollado a mi corazón por correr demasiado. He agotado mis fuerzas y mi paciencia se cansó de esperar el semáforo verde. Cambias de opinión cada día, a cada hora, en cada intervalo de conversación... Y yo, avanzando y retrocediendo tantas veces que mi pie tiembla.
He creado un abismo entre los dos. Una cordillera infranqueable para que no vuelvas a atacar. He cerrado con llave, y he vuelto la espalda para no escucharte más. He implantado una dictadura en mi territorio, donde las palabras son condenadas, donde el toque de queda se erige con el primer latido. Lo he sentido, te he querido, he tropezado, acertado, olvidado, he muerto en suspiros...
He direccionado mis fuerzas a distintos fugitivos, entregándoles mis restos, suplicando tu olvido. Y aun así, y aun de este modo tan propicio a la victoria, tu recuerdo sigue siendo mio. Y aun así, y aun cerrándote las puertas sigues entrando en mi alcoba y jurándote mio.

No hay comentarios: