
Paso a paso se acercaba sin saberlo al fin del mundo. Sus suelas se empapaban de sabor a asfalto, de cenizas deshechas, de recuerdos de piescansados. Amortiguando el peso de la pena, arrastrando esa condena viciada de conformidad. Y sin saberlo, sin esperarlo, sin ni siquiera soñar con la esperanza que había caido en el olvido, la calle se inundó del 'toc toc' de un par de tacones.
Plantado como una maceta en mitad de la vía vió acercarse a aquella sombra nocturna que se contoneaba en un continuo balanceo con aroma a Ballantines.
Se detuvo tan cerca que su sonrisa lo iluminó todo.
- ¿Dónde vas? - preguntó ella sin bajar la mirada.
- Yo..no..no lo sé.
- ¿Eres una especie de vagabundo?
- No. Yo no...Bueno...
- Yo voy al final de cuento... - y levantó la vista al cielo. - Pero voy sin mapa y sin brújula, una faena vamos. Y encima estos tacones me están matando. - y entonces con una mano alcanzó a quitarse ambas sandalias mientras volvía a hacer aparición aquella encantadora sonrisa.
- Es hora de seguir. -dijo mirando el semáforo, y él vió la luz verde reflejada en sus ojos.
- ¿Te volveré a ver? - consiguió balbucear en un intento apurado de mantener esa mirada clavada en sus ojos un poco más.
- Puede que nuestros caminos se vuevan a cruzar, algún lejano día.
Y se fue tambaleándose con un tacón en la mano derecha y su pobre vida en la otra.
Plantado como una maceta en mitad de la vía vió acercarse a aquella sombra nocturna que se contoneaba en un continuo balanceo con aroma a Ballantines.
Se detuvo tan cerca que su sonrisa lo iluminó todo.
- ¿Dónde vas? - preguntó ella sin bajar la mirada.
- Yo..no..no lo sé.
- ¿Eres una especie de vagabundo?
- No. Yo no...Bueno...
- Yo voy al final de cuento... - y levantó la vista al cielo. - Pero voy sin mapa y sin brújula, una faena vamos. Y encima estos tacones me están matando. - y entonces con una mano alcanzó a quitarse ambas sandalias mientras volvía a hacer aparición aquella encantadora sonrisa.
- Es hora de seguir. -dijo mirando el semáforo, y él vió la luz verde reflejada en sus ojos.
- ¿Te volveré a ver? - consiguió balbucear en un intento apurado de mantener esa mirada clavada en sus ojos un poco más.
- Puede que nuestros caminos se vuevan a cruzar, algún lejano día.
Y se fue tambaleándose con un tacón en la mano derecha y su pobre vida en la otra.

