
He creado un abismo entre los dos. Una cordillera infranqueable para que no vuelvas a atacar. He cerrado con llave, y he vuelto la espalda para no escucharte más. He implantado una dictadura en mi territorio, donde las palabras son condenadas, donde el toque de queda se erige con el primer latido. Lo he sentido, te he querido, he tropezado, acertado, olvidado, he muerto en suspiros...
He direccionado mis fuerzas a distintos fugitivos, entregándoles mis restos, suplicando tu olvido. Y aun así, y aun de este modo tan propicio a la victoria, tu recuerdo sigue siendo mio. Y aun así, y aun cerrándote las puertas sigues entrando en mi alcoba y jurándote mio.

